¿ QUÉ ES EL SINDROME POST-VACACIONAL?


Diremos en primer lugar que no debemos confundir el Síndrome Postvacacional que trataremos aquí (liviano, pasajero y que afecta a un porcentaje importante de la población), con una Depresión (más grave, permanente, y que requiere apoyo psicológico de un profesional de la psicología).

¿Cómo definir el Síndrome Postvacacional?

Se trata de un conjunto de síntomas, que aparece a la vuelta de las vacaciones. Sería semejante a un trastorno del estado de ánimo pasajero, donde aparecen temporalmente combinados síntomas de depresión y ansiedad. Podría definirse como una dificultad de adaptación al trabajo tras la finalización de las vacaciones.

Debe remarcarse que se trata de un estado liviano y pasajero, que ha existido siempre, pero que en los últimos tiempos se ha estudiado, se han unificado criterios y se le ha puesto un nombre, quizá en la tendencia actual de etiquetar cualquier disfunción o malestar. Es necesario recalcar que no se trata de un trastorno o enfermedad mental, sino de un estado transitorio de adaptación que no precisa para su superación intervención psicológica especializada.

Síntomas

Estamos ante un conjunto de síntomas que reflejan un estado de ánimo. Estos síntomas pueden situarse próximos a los síntomas depresivos, irritabilidad, astenia, falta de concentración, tristeza, melancolía, visión negativa, apatía, ansiedad, insomnio y somnolencia a lo largo del día, …; y estar acompañadas por alteraciones somáticas como dolores musculares, tensión, falta de apetito… ; y en ocasiones más graves: palpitaciones, taquicardias, sensación de ahogo …

¿Cuánto dura el síndrome?

Depende de factores individuales, de lo que cada persona necesite para readaptarse a la vuelta al trabajo y a sus obligaciones, pero lo normal es que  dure de dos días a una semana, aunque algunos estudiosos hablan de que puede prolongarse hasta los quince días.

Si se prolonga más allá de este periodo y persiste el malestar seguramente estemos ante otro tipo de problema psicológico mayor como una depresión, dificultad de adaptación general o alguna cuestión más grave en el ámbito laboral (burnout, mobbing), que requerirá la ayuda de un profesional de la psicología. En este sentido cabría apuntar la baja incidencia de consultas psicológicas por el síndrome post-vacacional, que contrastan con un alto índice de pacientes tratados por el psicólogo por problemas laborales graves, distimia o graves dificultades en la adaptación general.

Aquellas personas cuya satisfacción personal hacia el trabajo sea menor, tendrán una mayor dificultad en su adaptación postvacacional.

Los estudios apuntan que un 35% de trabajadores españoles de entre 25 y 45 años sufren esta alteración.

 

¿Qué se esconde detrás? ¿Por qué nos ocurre esto?

Podríamos hablar de dos cuestiones principalmente:

La primera tiene que ver con el desajuste horario, el cambio que se produce en el ritmo diario entre el periodo vacacional y el laboral. Los cambios en las rutinas de sueño, comidas, actividad social. Durante las vacaciones somos laxos y flexibles en todo ello, y al reincorporarnos al trabajo regresamos a un entorno de demandas y exigencias, en las que debemos de volver a regular nuestro organismo con unos horarios.

La segunda tiene que ver con la visión dicotómica entre trabajo y vacaciones, el primero valorado como rutinario, aburrido y obligado, en contraste con todo lo que significan las vacaciones, pensando que es el único periodo del año en el que somos felices, en parte debido a que nos encontramos en una sociedad cada vez más orientada hacia el ocio. En este sentido algunas personas no son capaces de disfrutar con su profesión o puesto de trabajo, siendo para estas personas más probable que padezcan el síndrome postvacacional.

 

¿Qué se puede hacer para evitarlo?, o por lo menos para reducir sus efectos negativos.

En general suelen darse tres consejos para que el tránsito entre el periodo vacacional y el laboral no resulte tan duro:

1º.  Fraccionar las vacaciones en periodos más pequeños distribuidos a lo largo de todo el año. Los cambios en los hábitos no serán tan drásticos y permanentes, por lo que la incorporación no será tan traumática. Ello nos permite disfrutar de  varios periodos lúdicos a lo largo del año.

2º.  Regresar de las vacaciones un poco antes para irnos acostumbrando, no justo el día previo a nuestra incorporación laboral. Ir adaptando nuestro ritmo al habitual, a los horarios, rutinas, entorno.  

3º.  Evitar en lo posible que el regreso de las vacaciones coincida con lunes, a fin de que la reincorporación tenga un impacto psicológico menos negativo, al no tener que enfrentarnos con una semana completa de trabajo nada más regresar.

Además de estos consejos generales, encontraremos también beneficios si seguimos las siguientes pautas:

  • Incorporarse gradualmente al trabajo, por ejemplo que el primer día sea de contacto con los compañeros, de compartir experiencias, organizar la agenda… sin angustiarnos por cumplir de manera estricta con nuestras obligaciones rutinarias.
  • Reconocer nuestro malestar, y ser conscientes de que nuestro rendimiento irá creciendo en un par de días. Saber que es un problema pasajero y hasta cierto punto normal.
  • Seguir realizando tras la vuelta a la rutina actividades gratificantes (algo de ejercicio, pasear, …)
  • Planificar actividades lúdicas a lo largo de todo el año y no concentrarlas sólo en el periodo estival, por ejemplo planificar la visita a un museo, asistir a un concierto, … También es necesario respetar el descanso de los fines de semana, y tener algo de tiempo de ocio personal cada día.
  • Retomar la vuelta al trabajo con una actitud positiva, con visión de reencuentro con la normalidad, con la tarea y nuestras obligaciones.